Escribo para nadie...

y se ha creado una improvisación que no existe. Me he despegado de mí.
Clarice Lispector

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Apucheta, Crónicas del Barro

Las 13Biromes presentamos mañana nuestra novela colectiva...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Muchas veces quiso saber acerca de esa obsesión mía por las medusas y yo no pude responder. Agua que se mueve dentro del agua pero ni haciendo un esfuerzo se me ocurrió una asociación.
- Causan fastidio
- Pero son indefensas
- Sí
Fui al curso de buceo con esa intención. Lo que quería era descubrir el secreto de la mala fama que se habían hecho entre los hombres. Cuando lo comenté en la primera clase Facu me miró con cara de que no entendía. Después dijo que sí, que lo de la mala fama era puro cuento y que él me lo iba a demostrar.
En el agua eran como una aparición. Como las manchas de colores que se dibujaban en las paredes de la casa del campo. Después  venía la oscuridad completa y los dos nos queríamos salvar.
Que nos fuéramos todos al carajo, decía. Que nos fuéramos todos al carajo. Tu hermano, vos, mamá y el sol de noche. A mamá no había sol de noche que la salvara. Siempre tratando de amortiguar el golpe. Ya va a crecer, decía. Ya va a crecer. Yo me apretaba contra Martín. Si crecer era eso yo no quería.
-Esa mancha en la pared se parece a una manzana.
-Cuando los dos se duerman juguemos a adivinar ¿Querés?
No sé bien cuánto tiempo pasó hasta que me di cuenta de que estaba enamorada de Facundo pero ahora que lo pienso creo que esa respuesta suya fue la clave. Esa respuesta suya y los ojos rasgados tan parecidos a los de Martín.

martes, 30 de noviembre de 2010

La Escollera

Yo lo miraba desde la escollera y pensaba que era el único capaz de defenderme. Algo así como tirar de a una las piedras al fondo del agua y levantar el muro que nos separara del resto.
- ¿Qué son?
- Almejas?
- Están rotas
- Sí.
A esa edad él no tenía canas y yo le admiraba los brazos fuertes llenos de pecas. Se asustaba de mi coraje. Mucho más cuando me perdía de vista en el mar. Se las rebuscaba en el río pero nunca había aprendido a nadar en el mar. Un muro de defensa, hija. Desde ahí arriba inspira respeto el mar.
Creerte. Creer cualquier cosa que dijera. Estremecerse cada vez que la tanza iba directo al agua. Pensar que la caña era capaz de sentir lo mismo que yo. La mano rozando el hombro al levantar el bretel y después virar la vista, rápido. Evitar el contacto. Dale hija. En media sale el sol y no hay más pique.
Yo no quería defenderme. Mucho menos si se trataba del oleaje. Pero él no lo entendía y a mí me encantaba acompañarlo a tirar piedras al agua. Era casi lo mismo que intentar darle forma a la medusa. Yo pensaba en eso mientras hurgaba en el vértice de la cruz para ver si encontraba algo que me indicara el modo de volver a la forma original.
Si se rompe el original todo lo demás son parches, me había dicho Martín pero yo no lo había entendido. No existía para mí nada más triste que una medusa descompuesta en la playa.
Repetíamos el juego cada año. Romper el cuerpo gelatinoso y no conformarse del todo. Buscar en los balnearios cercanos la rama más gruesa para desarmar la cruz del lomo. Desdibujarla y volverla a armar. Apostar tantas veces hasta aburrirse. Ahora se parace a una serpiente pero después será otra cosa. Que total el molusco no respira. Que si existe el sufrimiento se ve en los ojos y que los moluscos no tienen ojos. No nadan ni se envenenan. Ni sexo, ni oídos, nada. Asexuados, hija. Asexuados. No son nena ni varón.
Cuando levanté la vista él ya había doblado en la esquina y buscaba algo agachado dentro de la carpa. De lejos me parecieron dos cañas de pescar. De esas que usábamos de madrugada para ver si picaba algo desde la escollera.
Enseguida pensé que esa noche le diría a Martín que no me esperara. Que disculpe. Que mejor no tirar piedras. Que no vale la pena suponer que uno debe defenderse del oleaje. Que las almejas llegan a la costa rotas, igual.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Apariciones noctámbulas y navidades

I

Me dió un beso y sonreí. La pausa llegó justo antes que la puerta del ascensor. Un espasmo me recorrió el cuerpo. Con ella las pausas son tristes como las despedidas. Me ocurre cada vez que la veo. Cada vez que llega y se va. La miro y me lo confirma. Martín y yo venimos del mismo útero.
Buen viaje, le digo. La luz roja ya marcaba el piso siete. Mi voz retumba en el hueco del ascensor. Vacía.


II Marcas de nacimiento

Yo podía pasarme horas recostada en el patio mirando la luna. Así, boca arriba, nada más que mirar la luna. Pensaba en trenzas y en la abuela que venía día por medio a que le lavara la cabeza.
Los círculos reflejados en la luna son eclipses imperceptibles desde el planeta país casa patio donde estoy. Desde cada uno de estos sitios cambia la perspectiva. Estando lejos de la luna soy sólo un punto pero si me acerco entonces el punto sos vos.

Martín es el más alto del grado. Yo conozco a los amigos que vienen a casa y ninguno salvo Nacho es alto como él. Cuando él me dice qué tenés ahí tenés un bicho yo nunca me doy vuelta porque ya sé que no es un bicho sino mi marca de originalidad.
Cuando entramos juntos a la escuela me dice soltate el pelo que te ven la mancha asquerosa y me dicen ahí va el hermano de la de la mancha asquerosa. Me suelto el pelo, por las dudas. Yo siempre escucho que lo llaman Martín.


III Lo que está en juego

-¿Las sandías son flores o frutas?
- Frutas creo Martín. La abuela siempre contaba que en el campo había.

El campo quedaba en el norte. Nosotros no lo conocimos pero yo lo puedo imaginar. Lo cruzaba el arroyo Los tres puentes que cuando llovía mucho se parecía a un río. Se vivía de la pesca y de la cosecha de plantas frutales. Nunca pude terminar de comprender a la familia. Un hijo radical hasta la médula criado por la abuela agradecida a Perón toda la vida. Un padre ateo que aún hoy toca bocina en plena ruta frente al altar del gauchito gil. No cree en Dios pero le teme a sus maldiciones.
Paradojas. Contradicciones que sirvieron como primer argumento para el ensayo. Política y sentimentalismo. La otra cara de los acuerdos tramposos.
- Venga un abrazo diputado... ahora va a tener que acostumbrarse a la marchita...
- Pero para qué hombre, si podemos reemplazarla por el Himno Nacional...

Dentro de todas las estructuras posibles el ensayo me permitiría esto. Hablar de política y de sentimientos. Yo quería poder exteriorizar mi subjetividad. Recurrir a la actualidad para trascenderla. Jugar con los lectores y adivinar a quiénes pertenecen el abrazo y la sonrisa.


IV Nochebuena de 1980

- Tu madre siempre lo mismo
- No empieces Teresa por favor
- No empiezo pero se la podría llevar la hija una vez, una vez
- No sé qué te molesta Teresa... no sé...

Los vecinos entran a sus hogares después de la misa de Gallo. Mamá dice que cree en Dios pero que ella no va a las misas. Papá no cree y es el encargado del asado familiar. Luis llega justo para la sobremesa. Es el más grande de los primos y cena en la casa de la novia.
Martín se fue con los otros a la vereda hace rato. El niño Dios viene si ustedes no están en el patio. ¿Lula vos no vas? Yo no quería estar en el patio ni en la vereda. Me angustiaba haber faltado a la misa. El director de la escuela nos esperaba a todos ahí. Lo dijo el viernes a la salida. Si ensayás otro poco cantás los villancicos. Yo ya había hecho de rey mago en el pesebre pero cantar, cantar nunca había cantado. El día que hice de rey fueron todos a la misa pero eso fue el año pasado.
Abro grande los ojos. La abuela Josefa grita. Está parada sobre una silla y lo llama a mi papá. Enseguida me doy cuenta y salto sobre un banquito. A la abuela y a mí nos impresionan los sapos y en la casa de la abuela siempre aparecen para la navidad.
Ahora están todos distraídos o tratando de calmar a la abuela. Yo le doy la mano y se baja de la silla. Salimos. Creo que nadie lo nota. Caminamos cinco cuadras y llegamos a casa. Justo antes de entrar el cielo se llena de colores y los perros huyen del ruido. Es el regalo de navidad del intendente. El perro del vecino se mete entre mis piernas. Con mis rodillas presiono sus orejas y pienso que sí, que la navidad es linda en la plaza.


V Robamontón

- Que voláramos todos por el aire, decía. Que nos fuéramos todos al carajo. Mi hermano, yo, papá y el sol de noche. Todos al carajo.

Son las ocho de la noche y llueve. En la galería los más chicos jugamos a las cartas. Martín corta el mazo para un robamontón medio aprendido medio inventado. Si no hubiera sido por el diario hubiera perdido los detalles.
A mamá no había sol de noche que la salvara. Ella estaba siempre lista para amortiguar el golpe. Adueñarse de la culpa para purificarme. Ya va a crecer, decía. Gritar así. Gritar así del otro lado de la columna mientras jugamos. La mano de Martín me roza la pierna. Me corro contra su cuerpo y él pega un salto que casi lo tumba de la silla.
Se hace de noche de un momento a otro. Martín espera la oscuridad completa. La sombra en la pared se parece a una sandía. Cuando los dos se duerman juguemos a adivinar, ¿querés?

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Gracias Paula! Un beso... no puedo comentar en mi propio blog...

martes, 15 de diciembre de 2009

Apariciones noctámbulas y navidades

- Si te arrimás al Paraná te traga
- ¿Qué te pasa nena? ¿Qué decís?
- El Paraná traga la gente, yo lo escuché-

Lula no estaba hablando de temores. No era miedo a la oscuridad ni nada de eso. Ella hablaba de apariciones noctámbulas y de navidades. Ocurrió en aquella navidad de 1980 y nunca más dejó de suceder.