Escribo para nadie...

y se ha creado una improvisación que no existe. Me he despegado de mí.
Clarice Lispector

jueves, 17 de diciembre de 2009

Apariciones noctámbulas y navidades

I

Me dió un beso y sonreí. La pausa llegó justo antes que la puerta del ascensor. Un espasmo me recorrió el cuerpo. Con ella las pausas son tristes como las despedidas. Me ocurre cada vez que la veo. Cada vez que llega y se va. La miro y me lo confirma. Martín y yo venimos del mismo útero.
Buen viaje, le digo. La luz roja ya marcaba el piso siete. Mi voz retumba en el hueco del ascensor. Vacía.


II Marcas de nacimiento

Yo podía pasarme horas recostada en el patio mirando la luna. Así, boca arriba, nada más que mirar la luna. Pensaba en trenzas y en la abuela que venía día por medio a que le lavara la cabeza.
Los círculos reflejados en la luna son eclipses imperceptibles desde el planeta país casa patio donde estoy. Desde cada uno de estos sitios cambia la perspectiva. Estando lejos de la luna soy sólo un punto pero si me acerco entonces el punto sos vos.

Martín es el más alto del grado. Yo conozco a los amigos que vienen a casa y ninguno salvo Nacho es alto como él. Cuando él me dice qué tenés ahí tenés un bicho yo nunca me doy vuelta porque ya sé que no es un bicho sino mi marca de originalidad.
Cuando entramos juntos a la escuela me dice soltate el pelo que te ven la mancha asquerosa y me dicen ahí va el hermano de la de la mancha asquerosa. Me suelto el pelo, por las dudas. Yo siempre escucho que lo llaman Martín.


III Lo que está en juego

-¿Las sandías son flores o frutas?
- Frutas creo Martín. La abuela siempre contaba que en el campo había.

El campo quedaba en el norte. Nosotros no lo conocimos pero yo lo puedo imaginar. Lo cruzaba el arroyo Los tres puentes que cuando llovía mucho se parecía a un río. Se vivía de la pesca y de la cosecha de plantas frutales. Nunca pude terminar de comprender a la familia. Un hijo radical hasta la médula criado por la abuela agradecida a Perón toda la vida. Un padre ateo que aún hoy toca bocina en plena ruta frente al altar del gauchito gil. No cree en Dios pero le teme a sus maldiciones.
Paradojas. Contradicciones que sirvieron como primer argumento para el ensayo. Política y sentimentalismo. La otra cara de los acuerdos tramposos.
- Venga un abrazo diputado... ahora va a tener que acostumbrarse a la marchita...
- Pero para qué hombre, si podemos reemplazarla por el Himno Nacional...

Dentro de todas las estructuras posibles el ensayo me permitiría esto. Hablar de política y de sentimientos. Yo quería poder exteriorizar mi subjetividad. Recurrir a la actualidad para trascenderla. Jugar con los lectores y adivinar a quiénes pertenecen el abrazo y la sonrisa.


IV Nochebuena de 1980

- Tu madre siempre lo mismo
- No empieces Teresa por favor
- No empiezo pero se la podría llevar la hija una vez, una vez
- No sé qué te molesta Teresa... no sé...

Los vecinos entran a sus hogares después de la misa de Gallo. Mamá dice que cree en Dios pero que ella no va a las misas. Papá no cree y es el encargado del asado familiar. Luis llega justo para la sobremesa. Es el más grande de los primos y cena en la casa de la novia.
Martín se fue con los otros a la vereda hace rato. El niño Dios viene si ustedes no están en el patio. ¿Lula vos no vas? Yo no quería estar en el patio ni en la vereda. Me angustiaba haber faltado a la misa. El director de la escuela nos esperaba a todos ahí. Lo dijo el viernes a la salida. Si ensayás otro poco cantás los villancicos. Yo ya había hecho de rey mago en el pesebre pero cantar, cantar nunca había cantado. El día que hice de rey fueron todos a la misa pero eso fue el año pasado.
Abro grande los ojos. La abuela Josefa grita. Está parada sobre una silla y lo llama a mi papá. Enseguida me doy cuenta y salto sobre un banquito. A la abuela y a mí nos impresionan los sapos y en la casa de la abuela siempre aparecen para la navidad.
Ahora están todos distraídos o tratando de calmar a la abuela. Yo le doy la mano y se baja de la silla. Salimos. Creo que nadie lo nota. Caminamos cinco cuadras y llegamos a casa. Justo antes de entrar el cielo se llena de colores y los perros huyen del ruido. Es el regalo de navidad del intendente. El perro del vecino se mete entre mis piernas. Con mis rodillas presiono sus orejas y pienso que sí, que la navidad es linda en la plaza.


V Robamontón

- Que voláramos todos por el aire, decía. Que nos fuéramos todos al carajo. Mi hermano, yo, papá y el sol de noche. Todos al carajo.

Son las ocho de la noche y llueve. En la galería los más chicos jugamos a las cartas. Martín corta el mazo para un robamontón medio aprendido medio inventado. Si no hubiera sido por el diario hubiera perdido los detalles.
A mamá no había sol de noche que la salvara. Ella estaba siempre lista para amortiguar el golpe. Adueñarse de la culpa para purificarme. Ya va a crecer, decía. Gritar así. Gritar así del otro lado de la columna mientras jugamos. La mano de Martín me roza la pierna. Me corro contra su cuerpo y él pega un salto que casi lo tumba de la silla.
Se hace de noche de un momento a otro. Martín espera la oscuridad completa. La sombra en la pared se parece a una sandía. Cuando los dos se duerman juguemos a adivinar, ¿querés?

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Gracias Paula! Un beso... no puedo comentar en mi propio blog...

martes, 15 de diciembre de 2009

Apariciones noctámbulas y navidades

- Si te arrimás al Paraná te traga
- ¿Qué te pasa nena? ¿Qué decís?
- El Paraná traga la gente, yo lo escuché-

Lula no estaba hablando de temores. No era miedo a la oscuridad ni nada de eso. Ella hablaba de apariciones noctámbulas y de navidades. Ocurrió en aquella navidad de 1980 y nunca más dejó de suceder.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Aguaviva

Hay cosas tristes en la vida pero una medusa descompuesta es de las más tristes que vi. Repetíamos el juego cada año. Romper el cuerpo gelatinoso y no conformarse del todo. Buscar en los balnearios cercanos la rama más gruesa para desarmar la cruz del lomo. Desdibujarla y volverla a armar. Apostar tantas veces hasta aburrirse. Ahora se parece a una serpiente pero después será otra cosa.
Que total el molusco no respira. Que si existe el sufrimiento se ve en los ojos y que los moluscos no tienen ojos. No nadan ni se envenenan. Ni sexo, ni oídos, nada. Asexuados, hija. Asexuados. No son nena ni varón.